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¿El amor duradero es posible?

Reglas básicas para mantener un amor verdadero:

El amor verdadero es el que busca el bien del otro. Se es feliz cuando se hace feliz a la otra persona. Según Enrique Rojas, el decálogo para mantener el amor verdadero, sería el siguiente:

  • Enamorarse y mantenerse enamorado: Estos son los dos puntos extremos de una relación que necesita ideas claras sobre lo primero y una voluntad decidida y firme sobre lo segundo. El amor, con el paso del tiempo requiere de otras armas que irán transformando ese amor apasionado en otro más maduro, tejido e hilvanado de generosidad, entrega, renuncia, alegría y olvido de sí mismo.

 

  • Conocer el equilibrio entre los sentimientos y la razón: La diferencia entre enamorarse y mantenerse enamorado, está marcada por el tiempo que transcurre entre ambos conceptos. Al principio, todo es sentimiento, emoción y/o pasión. Más tarde, todo debe ir siendo más racional, sin que los sentimientos pierdan sus rasgos.

 

  • Cuidar el amor: El amor se desmorona, se viene abajo, se hunde y se oxida si no se lo cuida. El amor conyugal es una verdadera labor de orfebrería, en la que uno talla, pule, lima y corrige las pequeñas o grandes deficiencias de su conducta.

 

  • Utilizar las herramientas que nos ayudan a seguir enamorados: Las dos más urgentes, son la inteligencia y la voluntad. La primera, nos permite conocer lo mejor posible esa realidad y ensayar soluciones eficaces sabiendo diferenciar hechos, planos y actitudes. La voluntad, nos facilita luchar con orden y constancia para mejorar las bases de la convivencia. En pocas palabras: firmeza en el esfuerzo continuado.

 

  • Luchar por no descuidar aspectos esenciales del amor: Los componentes fundamentales del amor conyugal son: sentimientos, sexualidad, ideas y creencias similares, arte de la convivencia, compromiso y dinamismo, los que unidos a la inteligencia y a la voluntad, forman ésta gran orquesta.

 

  • Saber que la sexualidad desempeña un papel importante en la vida conyugal y que debe estar centrada en la comunicación: El acto sexual, para que sea un encuentro entre personas y no entre cuerpos, , debe ser al mismo tiempo algo físico, psicológico y espiritual. Físico, por la unión de dos cuerpos en un éxtasis placentero. Psicológico, porque se produce un intercambio de sentimientos, emociones y pasiones con los que culmina el acto sexual; intercambio afectivo, diálogo misterioso cuyo preludio es la desnudez física que devela los espacios últimos y recónditos de la persona. Espiritual, porque el acto sexual vivido en profundidad es algo sagrado.

 

  • Compartir sentimientos, ideas y creencias asegura su permanencia: En las creencias compartidas se encuentra el apoyo que nos mantiene en pie. Es preciso contar con una fe y unos ideales comunes, si se quiere mirar en la misma dirección con esperanza.

 

  • Mimar la conciencia diaria con racionalidad: El drama de la convivencia, es el paso del Ecuador más difícil que hay que cruzar para alcanzar una relación estable. La convivencia se compone de distintos elementos que conviene cuidar: el lenguaje verbal, el contenido de la comunicación, el aprendizaje del diálogo. La convivencia es un arte que necesita orden mental, sus grandes enemigos son el cansancio, la falta de novedades de una vida monótona y el hecho de no compartir cosas, ni intercambiar conductas gratificantes.

 

  • Comprometerse por encima de todo: No hay amor auténtico, si no existe compromiso. Si el amor es brindarse, es algo muy serio. Exige la libertad del otro, es más, su libertad queda comprometida en el amor. Pero al mismo tiempo, no renunciar a ser uno mismo, mantener la propia personalidad y estar a la vez abierto a cambiar y rectificar aquello que no vaya bien. El amor comprometido aspira a la fidelidad, pero esta, no se consigue porque sí, ni se regala. La fidelidad, es ante todo una actitud, una forma de estar frente a la propia pareja. Está hecha de generosidad y renuncias; y se sustenta en pequeñas lealtades.

 

  • Potenciar la espiritualidad: Finalizamos este decálogo con una de las dimensiones centrales de la condición humana: la espiritualidad. Si los sentimientos son la residencia donde se habita; la espiritualidad es el calor del hogar, que quema y abrasa y da fuerzas para continuar. Debemos retomar los valores más altos, aquellos que hicieron de la vieja Europa la luz más potente en el concierto mundial; Grecia nos dejó el pensamiento y la filosofía; Roma el derecho; el mundo Judío el amor a las tradiciones, el concepto de familia. El Cristianismo, supuso una revolución del amor y en su trayectoria, lo más importante no es la doctrina y el mensaje, sino una persona: Jesús de Nazaret. “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Como dijo siglos más tarde Santa Teresa de Ávila:

“Nada te turbe, nada te espante, Dios no se muda,
quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta”
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