¡Por favor, voltéenme!

Creo que de antemano, premeditadamente, colocaré este cartel junto a mi cama si alguna vez, aún consciente, me doy cuenta de que estoy transitando por mis últimos días y horas. Y es que, a lo que voy a referirme hoy,  puede quizás constituir toda una pesadilla por vivir para cualquiera de nosotros, o nuestros padres, o nuestros abuelos, sin descartar hasta para algún joven que por avatares de la vida caiga postrado en cama.

 Sí, me estoy refiriendo a algo terrible, algo que no deseo ni para los enemigos más encarnecidos que pueda tener en algún momento; me refiero a LAS ESCARAS.

Escara es la lesión que se produce como consecuencia del apoyo prolongado y continuo de algún miembro que soporta una presión por un tiempo sostenido.

Se puede producir por:

Aumento de la presión a nivel de los vasos sanguíneos, capilares y arterias, por comprimirse una parte del cuerpo por más de dos horas.

Cuando una persona se mantiene acostado, sentado o semisentado, semiconsciente, inconsciente o paralizado o cuando se desliza en el asiento o cama donde se encuentra, formándosele pliegues en la piel, sobre la que se ejercerá una fuerza o presión que lleva a la angulación o doblado de los vasos sanguíneos, favoreciendo esto la trombosis y la disminución de la circulación.

  Cuando en vez de levantar a la persona, la arrastramos en la cama, entonces la piel se desliza sobre la sabana y se daña.

Cuando de forma continua hay humedad en las sábanas o ropa, lo cual produce la muerte de los tejidos.

  Las zonas que más se afectan son  la región sacra, cresta ilíaca, talones, base del quinto dedo del pie, los codos, la región de la columna vertebral, omoplato, tobillo, cráneo y orejas, aunque cualquier saliente óseo puede ser afectado.

 La escara por presión pasa por cuatro etapas que requieren diferentes tratamientos, estas son:

Etapa 1. Se encuentran las zonas enrojecidas y al ejercer presión desaparecen, pueden aparecer ampollas.

Etapa 2. Surge una ulcera súper facial con márgenes bien definidos y con signos inflamatorios

Etapa 3. Es una ulcera constituida, profunda, con una costra oscura, de mal olor y dolorosa.

 

 

 

 

 

Etapa 4. Cuando alcanza músculoshuesos y articulaciones, se pueden producir artritis sépticas.

 

 

 

 

 

¿Qué hacer?

El mejor tratamiento para esta afección es prevenirla. Para ello deben tomarse las medidas siguientes:

Evitar la inmovilidad prolongada, movilizando cada dos horas en la cama o en el sillón al paciente, que debe utilizar al máximo sus miembros a través del ejercicio.

Acostar al paciente en un ángulo no mayor de 30 o 45 grados para que no resbale.

  Que las sabanas sean suaves y estén estiradas, usar las almohadas correctamente.

  Colar almohadillas o cojines en los pies.

Vigilar que no haya humedad ni suciedad en la piel, sobre todo en los casos con incontinencia.

  Utilizar colchones de agua, aire, camas de presión alternante para distribuir uniformemente el peso del paciente.

 Créanme, una escara mal atendida, conduce a cuadros deplorables y terribles de nuestros seres queridos que, además del padecimiento por el que debieron caer en cama, se le añade entonces el sufrimiento de unas curas muy dolorosas que, por lo general, una vez que comienzan son cada vez mayores, a ello se le añade que ya estas personas son ¡absolutamente dependientes de nuestras acciones! y a veces en su indefensión ni siquiera es posible percatarse del dolor que soportan ¡pero que sí sienten! cuando son sometidas a cirugías para quitar el tejido muerto o a violentas curas mucho mayores que las que soporta un quemado. Para ese entonces ya no resolveremos nada quejándonos del estado en que se encuentran, lo mejor es cuidar correctamente de ellos para que no lleguen hasta ahí.

 Finalmente, algo que debo agregar. Nuestros conocimientos a veces resultan muy rudimentarios para realizar las curas o la profilaxis en el manejo de estos casos, pero nuestro sistema de salud tiene implementado que estas personas deben ser casos especialmente atendidos por el Médico y la Enfermera de la Familia y constituye una negligencia en su trabajo si estos no acuden a darles la asistencia sistemática que requieren y delegan en los familiares toda la atención. Es su responsabilidad  velar por la calidad de vida de ese ser humano que quizás esté viviendo su último momento pero que también lo dio todo por nosotros antes y así, en caso que no lo sea, debemos exigirlo. No es agradable atender a un enfermo encamado y con escaras, mucho menos cuando se trata de un ser querido. Es desesperante sentirse impotente de no poder hacer algo por falta de conocimientos, pero ellos son los que saben perfectamente lo que debe hacerse, por tanto deben hacerlo y nosotros, entonces, hacer la parte que nos toca.

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