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José Angel Buesa

POEMA DEL RENUNCIAMIENTO

Pasarás por mi vida sin saber que pasaste.
Pasarás en silencio por mi amor, y, al pasar,
fingiré una sonrisa, como un dulce contraste
del dolor de quererte… y jamás lo sabrás.

Soñaré con el nácar virginal de tu frente;
soñaré con tus ojos de esmeralda de mar;
soñaré con tus labios desesperadamente;
soñaré con tus besos… y jamás lo sabrás.

Quizás pases con otro que te diga al oído
esas frases que nadie como yo te dirá;
y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,
te amaré más que nunca… y jamás lo sabrás.

Yo te amaré en silencio, como algo inaccesible,
como un sueño que nunca lograré realizar,
y el lejano perfume de mi amor imposible
rozará tus cabellos… y jamás lo sabrás.

Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,
el tormento infinito que te debo ocultar,
te diré sonriente: “No es nada… Ha sido el viento”.
Me enjugaré la lágrima… y jamás lo sabrás.

SONETO DEL CAMINANTE

No despiertes jamás para vivir tu sueño
pues el sueño es un viaje mas allá del olvido,
tu pie siempre es mas firme después de haber caído,
solo es grande en la vida quien sabe ser pequeño.

El amor llega y pasa, como un dolor risueño,
como una rama seca donde retoña un nido.
sólo tiene algo suyo quien todo lo ha perdido,
nadie es dueño de nada sin ser su propio dueño.

La vida será tuya, será tuya si sabes que es ajena,
que es igual ser montaña que ser grano de arena,
pues la calma del justo vence al furor del bravo.

Y aprende que el camino nace del caminante,
pues por más que ambiciones, humilde o arrogante,
sólo has de ser dueño de lo que eres esclavo.

POEMA DEL DOMINGO TRISTE

Este domingo triste pienso en ti dulcemente
y mi vieja mentira de olvido, ya no miente.
La soledad, a veces, es el peor castigo…
Pero, ¡ qué alegre todo, si estuvieras conmigo!
Entonces no querría mirar las nubes grises,
formando extraños mapas de imposibles países;
y el monótono ruido del agua no sería
un motivo secreto de mi melancolía.

Este domingo triste nace de algo que es mío,
que quizás es tu ausencia y quizás es mi hastío,
mientras corren las aguas por la calle en declive,
y el corazón se muere de un ensueño que vive.

La tarde pide un poco de sol, como un mendigo,
y acaso hubiera sol si estuvieras conmigo;
y tendría la tarde, fragantemente muda,
el ingenio impudor de una niña desnuda.

Si estuvieras conmigo, amor que no volviste,
¡ qué alegre me sería este domingo triste

POEMA DE LA CULPA

Yo la amé, y era de otro que también la quería.
Perdónala, Señor, porque la culpa es mía.
Después de haber besado sus cabellos de trigo,
nada importa la culpa, pues no importa el castigo.

Fue un pecado quererla, Señor, y, sin embargo,
mis labios están dulces por ese amor amargo.
Ella fue como un agua callada que corría…
Si es culpa tener sed, toda la culpa es mía.

Perdónala, Señor, tú, que le diste a ella
su frescura de lluvia y su esplendor de estrella.
Su alma era transparente como un vaso vacío.
Yo lo llené de amor. Todo el pecado es mío.

Pero, ¿cómo no amarla, si tú hiciste que fuera
turbadora y fragante como la primavera?
¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío
sobre la hierba seca y ávida del estío?

Traté de rechazarla, Señor, inútilmente,
como un surco que intenta rechazar la simiente.
Era de otro. Era de otro, que no la merecía,
y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.

Era de otro, Señor. Pero hay cosas sin dueño:
Las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño.
Y ella me dio su amor como se da una rosa,
como quien lo da todo, dando tan poca cosa…

Una embriaguez extraña nos venció poco a poco:
Ella no fue culpable, Señor… ¡ni yo tampoco!
La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella,
y me diste los ojos para mirarla a ella.

Toda la culpa es tuya, pues me hiciste cobarde
para matar un sueño porque llegaba tarde.
Sí. Nuestra culpa es tuya, si es culpa amar
y si es culpable un río cuando corre hacia el mar.

Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara,
que sería un pecado mayor si no la amara.
Y, por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella,
que tú que hiciste el agua, y la flor, y la estrella,

tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre,
¡tú también la amarías, si pudieras ser hombre!

POEMA DE LA DESPEDIDA

Te digo adiós y acaso te quiero todavía.
Quizás no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste… No sé si te quería…
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste, y apasionado y loco,
me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho… no sé si te amé poco,
pero si sé que nunca volveré a amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en el recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,
tal vez empiece a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós, y acaso, con esta despedida
mi más hermoso sueño muere dentro de mí…
Pero te digo adiós, para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti.

POEMA DEL SECRETO

Puedo tocar tu mano sin que tiemble la mía,
y no volver el rostro para verte pasar.
Puedo apretar mis labios un día y otro día…
y no puedo olvidar.

Puedo mirar tus ojos y hablar frívolamente,
casi aburridamente, sobre un tema vulgar.
Puedo decir tu nombre con voz indiferente…
y no puedo olvidar.

Puedo estar a tu lado como si no estuviera,
y encontrarte cien veces, así, como al azar…
Puedo verte con otro, sin suspirar siquiera.
Y no puedo olvidar.
Ya ves: Tú no sospechas este secreto amargo,
más amargo y profundo que el secreto del mar…
Porque puedo dejarte de amar, y, sin embargo,
no te puedo olvidar.

CARTA A USTED

Señora: Según dicen, ya usted tiene otro amante.
Lástima que la prisa nunca sea elegante …
Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa
se resigne a ser viuda sin haber sido esposa,
ni pretendo tampoco discutirle el derecho
de compartir sus penas, sus goces y su lecho;
pero el amor, señora, cuando llega al olvido,
también tiene el derecho de un final distinguido.

Perdón, si es que la hiere mi reproche; perdón
aunque sé que la herida no es en el corazón…
Y, para perdonarme, piense si hay mas despecho
en lo que yo le digo que en lo que usted ha hecho;
pues sepa que una dama, con la espalda desnuda,
sin luto, en una fiesta, puede ser una viuda
pero no, como tantas, de un difunto señor,
sino, para ella sola, viuda de un gran amor.

Y nuestro amor -¿recuerda?-, fue un amor diferente
(al menos, al principio; ya no, naturalmente):
Usted era el crepúsculo a la orilla del mar,
que, según quien lo mire, será hermoso o vulgar.
Usted era la flor, que, según quien la corta,
es algo que no muere o es algo que no importa.
O acaso, cierta noche de amor y de locura,
yo vivía un ensueño… y usted una aventura.

Sí; usted juró, cien veces, ser para siempre mía:
Yo besaba sus labios, pero no lo creía…
Usted sabe – y perdóneme -, que en ese juramento
influye demasiado la dirección del viento.
Por eso no me extraña que ya tenga otro amante,
a quien quizás le jure lo mismo en este instante.
Y como usted, señora, ya aprendió a ser infiel,
a mí, así, de repente… me da pena por él.

Sí, es cierto. Alguna noche su puerta estuvo abierta,
y yo, en otra ventana, me olvidé de su puerta;
o una tarde de lluvia se iluminó mi vida
mirándome en los ojos de una desconocida;
y también es posible que un amor indolente
desdeñara su vaso bebiendo en la corriente.
Sin embargo, señora, yo con sed o sin sed,
nunca pensaba en otra si la besaba a usted.

Perdóneme de nuevo, si le digo estas cosas,
pero ni los rosales dan solamente rosas;
y no digo estas cosas por usted ni por mí,
sino por los amores que terminan así…
Pero vea, señora, que diferencia había
entre usted, que lloraba, y yo, que sonreía,
pues nuestro amor concluye con finales diversos:
Usted besando a otro; yo, escribiendo estos versos…

POEMA DEL DESENCANTO

Y comenzamos juntos un viaje hacia la aurora
como dos fugitivos de la misma condena.
Lo que ignoraba entonces no he de callarlo ahora:
No valías la pena.

Ya llegaba el otoño, y ardía el mediodía.
Sentí sed. Vi tu copa. Pensé que estaba llena,
pero acerqué mis labios y la encontré vacía.
No valías la pena.

Te di a guardar un sueño, pero tú lo perdiste,
o acaso abrí mis surcos en la llanura ajena.
Es triste, pero es cierto. Por ser tan cierto, es triste:
No valías la pena.

Fuiste el amor furtivo que va de lecho en lecho,
y el eslabón amable que es más que una cadena.
Pero hoy puedo decirte, sin rencor ni despecho:
No valías la pena.

Me alegré con tu risa; me apené con tu llanto,
sin pensar que eras mala ni creer que eras buena.
Te canté en mis canciones, y, a pesar de mi canto,
no valías la pena.

Me queda el desencanto del que enturbió una fuente,
o acaso el desaliento del que sembró en la arena.
Pero yo no te culpo. Te digo, simplemente:
No valías la pena.

CANCION A LA MUJER LEJANA

En ti recuerdo una mujer lejana,
lejana de mi amor y de mi vida.
A la vez diferente y parecida,
como el atardecer y la mañana.

En ti despierta esa mujer que duerme
con tantas semejanzas misteriosas
que muchas veces te pregunto cosas
que solo ella podría responderme.

Y te digo que es bella, porque es bella,
pero no se decir, cuando lo digo,
si pienso en ella porque estoy contigo
o estoy contigo por pensar en ella.

Y sin embargo si el azar mañana
me enfrenta con ella de repente
no seguiría a la mujer ausente
por retener a la mujer cercana.

Y sin amarte mas, pero tampoco
sin separar tu mano de la mía,
al verla simplemente te diría:
“Esa mujer se te parece un poco”

ARTE POETICA

Ama tu verso, y ama sabiamente tu vida,
la estrofa que mas vive, siempre es la mas vivida.
Un mal verso supera la mas perfecta prosa,
aunque en prosa y en verso digas la misma cosa.

Así como el exceso de virtud hace el vicio,
el exceso de arte llega a ser artificio.
Escribe de tal modo que te entienda la gente,
igual si es ignorante que si es indiferente.

Cumple la ley suprema de desdeñarlas todas,
sobre el cuerpo desnudo no envejecen las modas.
Y sobre todo, en arte y vida, se diverso,
pues solo así tu mente revivirá en tu verso.

TE ACORDARAS UN DIA

Te acordarás un día de aquel amante extraño
que te beso en la frente para no hacerte daño.
Aquel que iba en la sombra con la mano vacía,
porque te quiso tanto que no te lo decía.

Aquel amante loco que era como un amigo
y que se fue con otra para soñar contigo
Te acordarás un día de aquel extraño amante,
profesor de horas lentas, con alma de estudiante.

Aquel hombre lejano que volvió del olvido
solo para quererte como nadie ha querido.
Aquel que fue ceniza de todas las hogueras
y te cubrió de rosas sin que tu lo supieras.

Te acordarás un día del hombre indiferente
que en las tardes de lluvia te besaba en la frente,
Viajero silencioso de las noches de estío
que sembraba en la arena su corazón tardío.

Te acordarás un día de aquel hombre lejano,
del que más te ha querido porque te quiso en vano.
Quizás así de pronto te acordarás un día
de aquel hombre que a veces callaba y sonreía.

Tu rosal preferido se secará en el huerto
como para decirte que aquel hombre se ha muerto.
El andará en la sombra con su sonrisa triste
y únicamente entonces sabrás que lo quisiste.

POEMA DEL ESPEJO

Déjame ser tu espejo, supliqué aquel día,
recuerdo que tu mano se estremeció en la mía.
Yo que envidio tu espejo, quiero saber que siente
al copiar en la alcoba tu cuerpo adolescente.

Detrás de los almendros, casi como del fondo
del mar, surgió la luna, con su espejo redondo.
Te vi de pie en la sombra, junto al lecho vacío
se oyó un rumor de sedas, como el rumor de un río

Y yo, como el espejo de aquella alcoba oscura,
yo, allí solo contigo, refleje tu hermosura.
Fue un instante, en la sombra. No se bien todavía
si eras tú, si fue un sueño, o una flor que se abría.

Muchacha de la noche de un día diferente,
yo no envidio a tu espejo, ya se que nada siente,
Ya se que te duplica sin comprender siquiera
que eres mujer, y hermosa como la primavera,

Pues si lo comprendiera saltaría en pedazos
por el ansia imposible de tenderte los brazos.

LA COPA DE DIAMANTE

Tal vez por un capricho mas triste que galante
cuente un día una historia que casi no es de amor
Tal vez estés ausente, o acaso estés delante
pero si estás delante lo contaré mejor

Diré que hubo una copa tallada de diamante
una flor sin rocío y un blanco surtidor
Pero aunque se moría de sed un caminante
le negaron el agua para regar la flor

Como ves es una historia que puede no ser mía
pues habla de un suceso que ocurre cada día
burlar a un vagabundo, negar una merced

Pero al fin de este cuento vulgar y cotidiano
tu sentirás la copa de diamante en tu mano
y yo estaré de nuevo muriéndome de sed.

CARTA SIN FECHA

Amigo:
Se que existes, aunque ignore tu nombre,
no lo he sabido nunca ni lo quiero saber,
pero te llamo amigo para hablar de hombre a hombre
que es el único modo de hablar de una mujer.

Esa mujer es tuya, pero también es mía,
se que es pecado, es cierto, si es pecado el amor.
Pero el rosal marchito que ya no florecía
no se siente culpable si le brota una flor

Ahora es de noche, llueve, y yo te llamo amigo.
Yo que corte una rosa que era tuya, quizás.
Ella en su propia almohada tal vez sueñe conmigo
y tu que no lo sabes no la despertarás.

No importa lo que sueñe, déjala así dormida,
yo será solo un sueño sin mañana ni ayer.
Ella irá de tu brazo para toda la vida
Y abrirá las ventanas en el amanecer.

Quédate tu con ella, yo seguiré el camino,
Ya es tarde, tengo prisa, y aun hay mucho que andar
yo nunca rompo el vaso donde bebí buen vino,
ni siembro nunca nada cuando voy hacia el mar.

Y pasarán los días favorables o adversos
y nacerán las rosas que nacen porque sí
Yo no sabré nunca si has leído estos versos
ni tu sabrás, tampoco, que los hice por ti

CUARTETOS DEL TRANSEUNTE

Sonríe, jardinera, si en el surco te inclinas
y buscas el secreto profundo de las rosas
no pienses que las rosas se afean con espinas;
sino que las espinas se embellecen con rosas.

Jugué al amor contigo, con vanidad tan vana
que marqué con la uña los naipes que te di.
Y en ese extraño juego, donde pierde el que gana,
gané tan tristemente, que te he perdido a ti.

Al referir mi viaje le fui añadiendo cosas.
Cosas que sueño a veces, pero que nunca digo,
y así, donde vi un yermo, juré haber visto rosas.
No me culpes, muchacha, que igual hice contigo.

Yo solo pude recordar tu nombre,
tú, en cambio, recordaste cada fecha de ayer.
Y aprendí que las cosas que mas olvida un hombre
son las cosas que siempre recuerda una mujer.

Aquí estaba la hierba, viajero de una hora,
y, cuando te hayas ido, seguirá estando aquí.
Bien poco ha de importarle que la pises ahora
sabiendo que mañana nacerá sobre ti.

SONETO LLOVIENDO

No hace falta que llueva como llueve este día,
y, sin embargo, llueve desde el amanecer.
Si hay rosas y retoños, ¿para qué llovería?
Si ya todo florece, ¿qué más va a florecer?

Llueve obstinadamente y en la calle vacía
las gotas de la lluvia son pasos de mujer.
Pero cierro los ojos y llueve todavía,
y al abrirlos de nuevo no deja de llover.

Yo sé que no hace falta que llueva, pero llueve.
Y recuerdo una tarde maravillosa y breve,
que fue maravillosa porque llovía así…

Y es tan triste, tan triste, la lluvia en mi ventana,
que casi me pregunto, dulce amiga lejana,
si no estará lloviendo para que piense en ti.

CANCION DEL AMOR LEJANO

Ella no fue, entre todas, la más bella,
pero me dio el amor más hondo y largo.
Otras me amaron más; y, sin embargo,
a ninguna la quise como a ella.

Acaso fue porque la amé de lejos,
como a una estrella desde mi ventana…
Y la estrella que brilla más lejana
nos parece que tiene más reflejos.

Tuve su amor como una cosa ajena,
como una playa cada vez más sola,
que únicamente guarda de la ola
una humedad de sal sobre la arena.

Ella estuvo en mis brazos, sin ser mía,
como el agua en un cántaro sediento,
como un perfume que se fue en el viento
y que vuelve en el viento todavía…

Me penetró su sed insatisfecha
como un arado sobre la llanura,
abriendo en su fugaz desgarradura
la esperanza feliz de la cosecha.

Ella fue lo cercano en lo remoto,
pero llenaba todo lo vacío,
como el viento en las velas del navío,
como la luz en el espejo roto.

Por eso aun pienso en la mujer aquella,
la que me dio el amor más hondo y largo.
Nunca fue mía. No era la más bella.
Otras me amaron más… Y, sin embargo,
a ninguna la quise como a ella.

BALADA DEL MAL AMOR

Qué lástima, muchacha,
que no te pueda amar…
Yo soy árbol seco que sólo espera el hacha,
y tú un arroyo alegre que sueña con el mar.

Yo eché mi red al río…
Se me rompió la red…
No unas tu vaso lleno con mi vaso vacío,
pues si bebo en tu vaso voy a sentir más sed.

Se besa por el beso,
por amar el amor…
Ese es tu amor de ahora, pero el amor no es eso;
pues sólo nace el fruto cuando muere la flor.

Amar es tan sencillo,
tan sin saber por qué…
Pero así como pierde la moneda su brillo,
el alma, poco a poco, va perdiendo su fe.

¡ Qué lástima, muchacha,
que no te pueda amar !…
Hay velas que se rompen a la primera racha,
¡ y hay tantas velas rotas en el fondo del mar !
Pero aunque toda herida
deja una cicatriz,
no importa la hoja seca de una rama florida,
si el dolor de esa hoja no llega a la raíz.

La vida llama o nieva,
es un molino que
va moliendo en sus aspas el viento que lo mueve,
triturando el recuerdo de lo que ya se fue…

Ya lo mío fue mío
y ahora voy al azar…
Si una rosa es más bella mojada al rocío,
el golpe de la lluvia la puede deshojar…

Tuve un amor cobarde.
Lo tuve y lo perdí…
Para tu amor temprano ya es demasiado tarde,
porque en mi alma anochece lo que amanece en ti.

El viento hincha la vela, pero la deshilacha,
y el agua de los ríos se hace amarga en el mar…
¡ Qué lástima muchacha,
que no te pueda amar !

CANCION DE LA BUSQUEDA

Todavía te busco mujer que busco en vano,
mujer que tantas veces cruzaste mi sendero,
sin alcanzarte nunca cuando extendí la mano
y sin que me escucharas cuando dije: “te quiero…”

Y, sin embargo, espero. Y el tiempo pasa y pasa.
Y ya llega el otoño, y espero todavía:
De lo que fue una hoguera sólo queda una brasa,
pero sigo soñando que he de encontrarte un día.

Y quizás, en la sombra de mi esperanza ciega,
si al fin te encuentro un día, me sentiré cobarde,
al comprender, de pronto, que lo que nunca llega
nos entristece menos que lo que llega tarde.

Y sentiré en el fondo de mis manos vacías,
más allá de la bruma de mis ojos huraños,
la ansiedad de las horas convirtiéndose en días
y el horror de los días convirtiéndose en años…

Pues quizás esté mustia tu frente soñadora,
ya sin calor la llama, ya sin fulgor la estrella…
Y al no decir: ” ¡ Es ella ! ” – como diría ahora -,
seguiré mi camino, murmurando: ” Era ella…”

CANCION PARA LA ESPOSA AJENA

Tal vez guardes mis libros en alguna gaveta,
sin que nadie descubra cuál relata tu historia,
pues serán, simplemente , los versos de un poeta ,
tras de arrancar la página de la dedicatoria…

Y pasarán los años… Pero acaso algún día,
o acaso alguna noche que estés sola en tu lecho,
abrirás la gaveta – como una rebeldía,
y leerás mi libro – tal vez como un despecho.

Y brotará el perfume de una ilusión suprema
sobre tu desencanto de esposa abandonada.
Y entonces, con orgullo, marcarás un poema…
y guardarás mi libro debajo de tu almohada.

ELEGIA PARA TI Y PARA MI
I
Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y tú te irás borrando lentamente en mi sueño.
Un año y otro año caerán como hojas secas
de las ramas del árbol milenario del tiempo,
y tu sonrisa, llena de claridad de aurora,
se alejará en la sombra creciente del recuerdo.
II
Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y quizás, poco a poco, dejaré de hacer versos,
bajo el vulgar agobio de la rutina diaria,
de las desilusiones y los aburrimientos.
Tú, que nunca soñaste más que cosas posibles,
dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo.
III
Acaso nos veremos un día, casualmente,
al cruzar una calle, y nos saludaremos.
Yo pensaré, quizás: “Qué linda es, todavía”.
Tú, quizás pensarás: “Se está poniendo viejo”.
Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo, o con otra.
O tu irás con un hijo que debiera ser nuestro.
IV
Y seguirá muriendo la vida, año tras año,
igual que un río oscuro que corre hacia el silencio.
Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto,
o una canción de entonces me traerá tu recuerdo.
Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas,
pensaré en ti un instante; pero cada vez menos…
V
Y pasará la vida. Yo seguiré soñando,
pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño.
Ya yo te habré olvidado definitivamente,
y sobre mis rodillas retozarán mis nietos.
Y quizás, para entonces, al cruzar una calle,
nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos.)
VI
Y una tarde de sol me cubrirán de tierra,
las manos, para siempre, cruzadas sobre el pecho.
Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos,
te pasarás las horas bostezando y tejiendo.
Y cada primavera renacerán las rosas,
aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.

VARIANTE DE UNA CANCION ANTIGUA

En el tronco de un árbol voy a grabar tu nombre
pero con mi capricho, vulgarmente galante,
dejaré satisfecha mi vanidad de hombre,
acaso más profunda que mi orgullo de amante.

En esas letras toscas que grabará mi mano,
tu nombre sin ternura crecerá hacia el olvido,
pues, fatalmente, un surco que ha florecido en vano
es cien veces más triste que el que no ha florecido.

Y pasarán las nubes sobre el árbol que ignora
que hay amores fugaces como sus primaveras…
Y un día, al ver el nombre que estoy grabando ahora,
me encogeré de hombros, sin recordar quién eras…

TERCER POEMA DE LA DESPEDIDA

Llamarada de ayer, ceniza ahora,
ya todo será en vano,
como fijar el tiempo en una hora
o retener el agua en una mano.

Ah, pobre amor tardío,
es tu sombra no más lo que regresa,
porque si el vaso se quedó vacío
nada importa que esté sobre la mesa.

Pero quizás mañana,
como este gran olvido es tan pequeño,
pensaré en ti, cerrando una ventana,
abriendo un libro o recordando un sueño…

Tu amor ya está en mi olvido,
pues, como un árbol en la primavera,
si florece después de haber caído,
no retoña después de ser hoguera;
pero el alma vacía
se complace evocando horas felices,
porque el árbol da sombra todavía,
después que se han secado sus raíces;

y una ternura nueva
me irá naciendo, como el pan del trigo:
Pensar en ti una tarde, cuando llueva,
o hacer un gesto que aprendí contigo.

Y un día indiferente,
ya en olvido total sobre mi vida,
recordaré tus ojos de repente,
viendo pasar a una desconocida…

BRINDIS

He aquí dos rosas frescas, mojadas de rocío:
una blanca, otra roja, como tu amor y el mío.
Y he aquí que, lentamente, las dos rosas deshojo:
la roja, en vino blanco; la blanca, en vino rojo.

Al beber, gota a gota, los pétalos flotantes
me rozarán los labios, como labios de amante;
y, en su llama o su nieve de idéntico destino,
serán como fantasmas de besos en el vino.

Ahora, elige tú, amiga, cuál ha de ser tu vaso:
si éste, que es como un alba, o aquél, como un ocaso.
No me preguntes nada: yo sé bien que es mejor
embriagarse de vino que embriagarse de amor…

Y así mientras tú bebes, sonriéndome – así,
yo, sin que tú lo sepas, me embriagaré de ti…

SIMIL DEL VIENTO

Te sentí, como el viento, cuando pasabas ya;
como el viento, que ignora si llega o si se va…
Fuiste como una fuente que brotó junto a mí.
Y yo, naturalmente, sentí sed y bebí.

Llegaste como el viento, náufraga del azar,
con tus ojos alegres entristeciendo el mar.
Y, para que la tarde pudiera anochecer,
te fuiste como el viento, que no sabe volver…

ASI, VERTE DE LEJOS

Así, verte de lejos, definitivamente:
Tú vas con otro hombre; yo, con otra mujer…
y sé que, como el agua que brota de una fuente,
aquellos bellos días ya no pueden volver.

Así, verte de lejos y pasar sonriente,
como quien ya no siente lo que sentía ayer;
y lograr que mi rostro se quede indiferente,
y que el gesto de hastío parezca de placer.

Así, verte de lejos, y no decirte nada,
ni con una sonrisa, ni con una mirada,
y que nunca sospeches cuanto te quiero así;

porque, aunque nadie sabe lo que a nadie le digo,
la noche entera es corta para soñar contigo,
y todo el día es poco para pensar en ti.

ELEGIA LAMENTABLE
I
Desde este mismo instante seremos dos extraños.
Por estos poco días, quién sabe cuantos años…
Yo seré en tu recuerdo como un libro prohibido
-uno de esos que nadie confiesa haber leído.
Y así, mañana, al vernos en la calle, al acaso,
tú bajarás los ojos y apretarás el paso ,
y yo, discretamente, me cambiaré de acera,
o encenderé un cigarro, como si no te viera…
II
Seremos dos extraños desde este mismo instante
Y pasarán los meses, y tendrás otro amante;
y, como eres bonita, sentimental y fiel,
quizás, andando el tiempo, te casarás con él.
Y ya, más que un esposo, será como un amigo,
aunque nunca le cuentes que has soñado conmigo,
y aunque, tras tu sonrisa de mujer satisfecha,
se te empañen los ojos, al llegar una fecha…
III
Acaso, cuando llueva, recordarás un día
en que estuvimos juntos y en que también llovía.
Y quizás no te pongas nunca más aquel traje
de terciopelo verde, con adornos de encaje.
O harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta,
cuando dobles tu almohada con mano soñolienta.
Y domingo a domingo, cuando vayas a misa,
de tu casa a la iglesia, perderás tu sonrisa…
IV
¿Qué más puedo decirte? Serás la esposa honesta
que abanica al marido cuando ronca su siesta;
y tras fregar los platos y destender las camas,
te pasarás las noches sacando crucigramas…
Y así, años y años, hasta que, finalmente,
te morirás un día, como toda la gente.
Y voces que aún no existen sollozarán tu nombre.
Y cerrarán tus ojos los hijos de otro hombre.
V
No me importa quién pase después por un sendero,
si me queda el orgullo de haber sido el primero.
Y el vaso que embriagara mi ilusión o mi hastío,
aunque esté en otra mano, seguirá siendo mío.
Por eso puedes irte, mi pobre soñadora,
pues si el reloj se para, no detiene la hora,
y tú serás la misma de las noches aquellas,
aunque cierres los ojos para no ver las estrellas…

CANCION DE LA LLUVIA

Acaso está lloviendo también en tu ventana;
acaso esté lloviendo calladamente, así…
Y, mientras anochece de pronto la mañana,
yo sé que, aunque no quieras, vas a pensar en mí.

Y tendrá un sobresalto tu corazón tranquilo,
sintiendo que despierta su ternura de ayer;
y, si estabas cosiendo, se hará un nudo en el hilo,
y aún lloverá en tus ojos, al dejar de llover.

ELEGIA NOCTURNA

Quién nos hubiera dicho que todo acabaría
como acaba en la sombra la claridad del día…

Fuiste como la lluvia cayendo sobre un río,
para que fuera tuyo todo lo que era mío.
Fuiste como una lámpara que se encendió en mi vida.
Yo la soplé de pronto, pero siguió encendida.

Fuiste un río ilusorio cantando en un desierto.
Y floreció la arena, como si fuera cierto.
Mi amor fue una gaviota que construyó su nido
en lo alto de un mástil. Ahora el buque se ha ido.

Ahora me envuelve un hosco silencio de campana
donde sólo resuena tu campana lejana…
Y, como un surco amargo que se negara al trigo,
ahora mi alma no sueña, por soñar contigo…

CANCION DEL VIAJE

Recuerdo un pueblo triste y una noche de frío
y las iluminadas ventanillas de un tren.
Y aquel tren que partía se llevaba algo mío…
– Ya no recuerdo cuándo. Ya no recuerdo quién…

Pero sé que fue un viaje para toda la vida,
y que el último gesto fue un gesto de desdén,
porque dejó olvidado su amor sin despedida
igual que una maleta tirada en el andén.

Y así mi amor inútil, con su inútil reproche,
se acurrucó en su olvido, que fue inútil también,
como esos pueblos tristes donde llueve de noche,
como esos pueblos tristes donde no para el tren…

MADRIGAL DE LA LLUVIA DE ABRIL

Ya no sé bien el sitio ni la hora,
ni por qué fuiste mía, ni por qué te perdí.
Sé que llovía como llueve ahora,
aunque ahora es más triste porque llueve sin ti.

Y sé que, de repente, cayeron dos diamantes
sobre tus zapaticos de charol…
Y era dulce aquel llanto de tus ojos radiantes,
como esos mediodías en que llueve con sol.

YA TODOS LA OLVIDARON

Ya todos la olvidaron. Ahora si que se ha ido.
Pero, sobre las rosas de la tumba reciente,
florecía el recuerdo más allá del olvido…
– Yo era el hosco, el ausente.

Qué le importa a la noche que se apague una estrella,
si el mar sigue cantando cuando pierde una ola.
Ya están secos los ojos que lloraron por ella.
– Ya se ha quedado sola.

Ahora ya sigue, sola, su viaje hacia el espanto,
por las noches profundas, bajo el cielo inclemente.
Ya nadie me reprocha que no lloré aquel llanto,
que fui el hosco, el ausente…

Ya nadie le disputa su silencio y su sombra,
sobre todo su sombra bajo la luz del día.
Ya todos la olvidaron, Señor. Nadie la nombra.
– Yo la recuerdo todavía…

OTOÑO Y JARDIN

Señora: Es el crepúsculo. No importa si un retoño
se ha abierto en los rosales del jardín, todavía:
Ya ha llegado el terrible crepúsculo de otoño,
que es decir un crepúsculo que dura todo el día.

Señora: Es el otoño… Vuestras últimas rosas
las está deshojando no sé qué desaliento.
Y es que existe un otoño para todas las cosas,
y el amor y la vida se nos van en el viento.

Comprendedlo, señora: Nada podrá el rocío,
ni siquiera las lágrimas. Ya todo será en vano;
pues no hay nada más triste que un retoño tardío,
y el amor es un poco de ceniza en la mano…

ESTA VIEJA CANCION

Esta vieja canción que oí contigo,
y que contigo di por olvidada,
surge del fondo de la madrugada
como la voz doliente de un amigo.

(Yo sé que la mujer que va contigo
no puede adivinar en mi mirada
que esa canción que no le dice nada,
le está diciendo lo que yo no digo.)

Y, al escuchar de pronto esa tonada,
comprendo la amargura de un mendigo
ante una puerta que le fue cerrada.

Pero intento reír, y lo consigo…
como si no me recordara nada
esta vieja canción que oí contigo.

SONETO DEL TIEMPO

Me verás sonreír, amiga mía,
con aquel gesto frívolo de antaño,
y hay un viejo dolor que me hace daño,
un dolor que me duele todavía.

Porque no en vano pasan día y día,
y día a día llegan año y año,
y el júbilo de ayer se queda huraño
de soledad y de melancolía.

No te engañes, amiga, con mi engaño:
la copa en que bebiste está vacía,
y el oro de sus bordes se hizo estaño;

y esta frágil corteza de alegría
cubre un viejo dolor que me hace daño,
un dolor que me duele todavía…

SONETO PARA LA LLUVIA

Mi corazón no sabe lo que espera,
pero yo sé que espera todavía,
igual que aquella noche que llovía
y te besé bajo la enredadera.

Tu amor se fue como si no se fuera,
pues algo tuyo vuelve cada día,
y me dejaste la melancolía
de doblar el pañuelo a tu manera.

Esta noche de viento y lluvia fría
quiero pensar que, si tu amor volviera,
al dejar de llover ya no se iría.

Y estoy aquí, bajo la enredadera;
y, como aquella noche que llovía,
mi corazón no sabe lo que espera…